Capítulo 4: La cena
—Debes haber estado soñando, querida. Yo no le veo nada extraño. Mira tú misma. Antje, se inclinó nuevamente sobre Liselot, y lo único que vio fue a una joven durmiendo. Es más. Si es que era posible, Liselot se veía más hermosa que la noche anterior. Drika posó una de sus manos sobre Liselot y la movió suavemente con la intención que despertara. La sirena reaccionó. Abrió los ojos, y sacó los brazos de las cobijas. Luego se estiró como si estuviera recién despertando. —Buenos días, querida —la saludó Drika, y luego mostró la bandeja del desayuno—. Cuando desayunes, te estaremos esperando abjao para ir a a ver a la modista. —¿Modista? —Liselot pareció no entender. —La mujer que nos hará unos vestidos —aclaró Antje con una sonrisa traviesa. —¡Ah! —Te dejaremos sola para que puedas comer tranquila, querida. Vamos, Antje. Espera abajo a la prima. —Sí, mamá. Después que las mujeres salieron de la habitación, Liselot cogió las cosas de la bandeja y las arrojó por la ventana. Vertió el...